Editoriales

La caída del rey

Ésta es la historia de un rey. Un rey que supo ser muy poderoso: recorrió el mundo entero como pocos, ganó miles de batallas y por eso era admirado, respetado y temido en todo sitio que él visitara.

Sus éxitos se explicaban no sólo por la jerarquía de sus soldados, sino también por la transparente y eficaz administración que había en su reino. Las cuentas estaban claras, y pese a que el dinero no siempre sobraba, era suficiente como  para que las cosas funcionasen correctamente. La gente podía dejar las puertas y ventanas de sus casas abiertas con la seguridad de que nada malo podría pasar.

El rey era famoso en todo el mundo. Cuando Neil Armstrong viajó a la Luna, pensó: “Este hombre es admirable. Sus hazañas merecen ser conocidas fuera de este planeta”. Y así lo hizo. Cuando el astronauta llegó a la superficie del satélite de la Tierra, clavó una bandera con la imagen del rey. Ya no solo era el rey del mundo: se había convertido en el rey del universo.

rey duerme

Con el paso del tiempo surgieron y crecieron otros reyes. Por si eso fuera poco y cuando faltaba poco para que nuestro rey cumpliera sus primeros 100 años de vida, un hombre con poca cabellera empezó a tener una enorme influencia en sus decisiones, lo cual derivó en medidas que perjudicaron al reino. El pelado fue repudiado por la gente, pero su sucesor, un joven pero poderoso empresario, no hizo otra cosa que destruir los recursos existentes.

Se realizaron en nombre del rey obras públicas con un discutible financiamiento, las deudas crecieron sideralmente y la mayor parte de los mejores soldados decidieron abandonar el reino. Además, las fuerzas de seguridad que defendían al empresario reprimían ante cada descontento popular, lo que hacía prácticamente imposible mostrarse como disidente.

Hay un dicho conocido que afirma que siempre el pueblo es el que manda. La historia puede dar prueba que en infinitas ocasiones la gente se cansó y dijo BASTA. Y  el reino en cuestión no fue la excepción: como el pueblo es el que manda, se cansó y dijo BASTA. El empresario se retiró odiado por el pueblo, habiendo dejado el reino en ruinas.

Justo en aquel momento, apareció un hombre que muchos no dudaron en caracterizarlo como un viento limpio y nuevo. Con un perfil mucho más transparente que su antecesor, empezó a ayudar al rey. Sin embargo y pese a su buena voluntad, el rey estaba muy enfermo y su cura era difícil (aunque no imposible). Los inconvenientes surgían todos los días. Uno de los problemas más frecuentes se daba cuando llegaban cartas de acreedores que reclamaban cuantiosas sumas de dinero.

Por la inestabilidad económico-financiera, el reino fue perdiendo cada vez más territorio. Las luchas que se ganaban en el pasaban en el pasado ahora se pierden. Los soldados no están a la altura de las circunstancias y el enemigo avanza. El rey se desespera: está gravemente enfermo y nadie parece encontrarle una solución a su problema. Sin embargo, se siente reconfortado porque su reino lo acompaña, está con él, aún en este momento de inmensa fragilidad. El rey piensa: “¿Me alcanzará con esto?” Cree que no, pero se le esboza una sonrisa. Levanta la cabeza y observa con atención a su alrededor. Reúne a sus mejores soldados y les pide un último esfuerzo, y les dice que si tienen éxito en esta determinante misión, pronto recuperarán el prestigio perdido durante tantos años. El rey quiere vivir. Y hasta que no haya caído el último soldado, él no se rendirá.

Ver los comentarios - comentar esta nota

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

To Top