Editoriales

Entradas para Río: la gran estafa

Lo sucedido en el día de ayer, en torno a las entradas para el partido de vuelta en el Maracaná, amerita más que un simple repudio en redes sociales. El hincha de Independiente, el socio, fue manipulado y estafado por una batería de motivos que no hacen más que perderse entre discusiones dispuestas para generar confusión. Aquí, el principal responsable es el Club y, en consecuencia, quienes lo conducen. 

Mucha ansiedad había generado el tema de la venta de tickets para el partido en Brasil, incluso mucho antes de la venta de entradas para el primer partido. Es que ya muchos hinchas, ante la disparada descontrolada en los precios de los vuelos, optaron por conseguir un pasaje y asegurar su lugar en Río de Janeiro. Hasta ese entonces, hablamos de la semana pasada, no había información oficial respecto del manejo de las entradas, más allá de versiones en off de que los ingresos serían 4000. 

Ante esta situación, el club – a través de uno de sus principales dirigentes – se expidió informalmente en programas radiales, comunicando que la venta sería entre jueves y sábado. La confirmación oficial llegó recién una vez consumada la victoria en el Libertadores de América: las entradas se venderían por el sistema de bonos – fatídico en la última experiencia para los hinchas – a partir de las 14 horas del día jueves 7. 

No menos importante es destacar, que para esta altura, se estimaba – extra oficialmente – que ya más de 5000 personas tenían pasajes a Brasil, y que el club ofreció un improvisado sistema de vuelos en charter con entrada incluída a un precio cercano a los $22000. No conformes, también agregaron la posibilidad de viajar con el club (anunciado a principios de esta semana) en micro, también con entrada incluida. Es decir, en ninguna de las dos variantes, era condición ser socio del club. 

Al llegar la hora marcada del día jueves 7, apenas en 60 segundos se esfumaron todas las localidades disponibles. ¿Cuántas eran? Según distintas versiones de los hinchas, no llegaron a más de 200 tickets disponibles, quienes tuvieron la fortuna de ingresar en el momento justo. Lógicamente, el sistema en menos de un minuto se cayó y ya nadie pudo volver a acceder a una entrada.

Ante la desesperación, socios llamaron a la sede en busca una respuesta que nunca apareció. De esta forma, muchos de ellos comenzaron a acercarse a la Sede de Avenida Mitre 470. Sin la presencia de dirigentes, y con un puñado de empleados intentando responder sobre lo que no tenían conocimiento, se improvisó una “lista de espera”, tomándole los datos a quienes estuviesen allí presentes, con la promesa de gestionarles su entrada. Según hinchas, a muchos los anotaron diciéndoles que vuelvan más tarde que tendrían su entrada.

A medida que pasaron los minutos, más gente se acercó a la Sede y ya la lista de espera se formaba hasta el tercer piso del edificio, entre gritos, incertidumbre y mucho enojo. A raíz de esto, alguien dió la orden de bajar las persianas del club y de anunciar de que las entradas se venderían en el Bottaro. Entre gritos y corridas la gente recorrió los pasillos internos del club, con la incertidumbre de poder conseguir el ansiado ticket.

A partir de ese momento, la gente que seguía llegando, era derivada hacia la calle Levalle pero con la imposibilidad de ingresar al gimnasio. Apenas unas 400 personas – no más – hicieron una interminable fila dentro del club, en la que sólo pudieron conseguir un ticket en ventanilla. La venta se hacía sólo en efectivo y no era requisito la presentación del carnet.

En ese momento, sobre calle Levalle ya había otras 500 personas intentando ingresar al no haber podido realizar la reserva en el sistema y otra tanda haciendo una fila para abonar la entrada que pudieron gestionar en un abrir y cerrar de ojos. Eran las 16 horas, ya habían pasado dos horas del inicio del sistema y aún no había dirigentes ni información oficial. Un comunicado recién llegaría cerca de las 17 horas, argumentando “inconvenientes” con el sistema, pidiendo disculpas y anunciando que “se está trabajando en solucionar la situación y encontrar la mejor manera de resolverle todo a cada uno de los socios”. 

Es decir, no hay que ser un profesional en análisis del discurso para entender que desde el Club reconocieron que los “problemas” estaban perjudicando lisa y llanamente a los socios que buscaban su entrada. ¿Cómo se solucionaría?, ¿qué hacer con las más de 1000 personas que ya estaban en la Sede?

Lo cierto es que con mucha presencia policial, ánimos caldeados y una incertidumbre generalizada, a quienes habían llegado antes del cierre de las puertas, les vendieron una entrada (con o sin reserva), mientras que a los que hicieron la fila -teniendo su reserva – parcialmente, también. ¿Por qué parcialmente? Porque luego hubo hinchas que denunciaron en redes sociales haber hecho 4 horas de cola para que les cierren la ventanilla en la cara y les digan que vuelvan el lunes a pagar, desconociendo que el sistema ofrecía la posibilidad de pago el mismo día y que muchos de ellos viajan antes del lunes a Brasil. Insólito.

Este desmanejo generalizado llevó a la emisión de un nuevo comunicado, tres horas después que el primero, argumentando lo siguiente: 

Es decir, el club informaba que 1500 entradas se habían vendido por el sistema. Algo que ningún socio presente pudo atestiguar. Para colmo, algunos empleados del club, en los pasillos, repetían que “el club no tiene la culpa que hayan comprado pasaje sin entrada”, al mismo tiempo que circulaba entre hinchas un audio de un supuesto dirigente argumentando que las entradas se habían ido por “compromisos” con empresas, allegados y charters.

Aquí hay una cuestión semántica importante: el Club Atlético Independiente el compromiso lo tiene con los socios, y mucho más la dirigencia, que llegó a conducir los hilos del club gracias al voto de ese socio que vivió una situación espantosa y una manipulación artera. ¿Por qué? Porque de haber habido tan pocas entradas, el sistema de bonos no se presentaba como un método efectivo y transparente, porque la venta debería haber sido presencial, con cuota al día y en alguno de los espacios de la Institución.

Porque tuvieron horas a gente encerrada en la Sede (o afuera) sin contar que todo se desarrolló en un horario laborable y que no todos tienen un fácil acceso a las instalaciones del club como para reclamar en persona. La situación terminó con el club cerrando sus puertas, con los dirigentes adentro sin dar la cara y con hinchas cortando Avenida Mitre en busca de alguna respuesta.

Ahora el compromiso lo vuelven a tener en sus manos los dirigentes, más allá de esas 4000 entradas – apenas a dos horas de la venta ya había reventa en MercadoLibre – tendrán la responsabilidad de cuidar a hinchas y socios de Independiente que irán a Río de Janeiro, a sabiendas de que la desorganización total llevó a que los fanáticos queden expuestos en un territorio ajeno a sus posibilidades.

Aquí no se trata de número de cantidad de entradas, sino de respeto. La explicación más fácil fue tirarle la pelota a los hinchas que habían conseguido antes su pasaje, pero nunca se aclara que hay agencias de turismo vendiendo entradas o que hay radios sorteando pasajes de FlechaBus con entrada incluída para viajar con el club. Suena cómodo y sencillo establecer ese discurso sabiendo que todos ellos estarán dentro del Maracaná.

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1 Comment

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  1. Marco

    8 diciembre, 2017 at 13:08

    “la responsabilidad de cuidar a hinchas y socios de Independiente que irán a Río de Janeiro, a sabiendas de que la desorganización total llevó a que los fanáticos queden expuestos en un territorio ajeno a sus posibilidades”
    Mas cuando desde las redes sociales, Flamengo esta fogoneando un clima altamente hostil.

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