Columnas

Levantese, Rojo.

– Opinión –

Independiente cayó sin atenuantes en La Bombonera ante un Boca que lo jugó como una final. Mezcla de calentura, tristeza y desilusión, no te voy a mentir. Sin embargo, esas tres condiciones no deben desviar el foco. Partiendo desde que toda crítica es subjetiva, por tanto sería imposible hablar desde una “objetividad”, el ejercicio consiste en poner todo en la balanza. 

Ése es el desafío y eso es lo que hoy nos convoca como hinchas de Independiente a la hora de analizar las discusiones que ya comienzan a aflorar. Entonces, ¿el “Rojo” jugó mal? Si, el equipo de Holan tuvo un mal partido y mereció perder, el resultado es justo. Como así también hubo jugadores que mostraron todo lo contrario al famoso “Compromiso – Actitud – Intensidad”. El equipo tenía una prueba de carácter fuerte y reprobó en casi todos los puntos. 

No hubo conexiones de juego, hubo nerviosismo por el atropello que propuso Boca en los costados y en la mitad de la cancha, se desnudaron errores muy importantes en los goles: claro penal – evitable – de Franco a Pérez, Sánchez Miño se distrae viendo la pelota y pierde a Benítez en el segundo, Franco le da una pelota muy comprometida a Campaña en el inicio del tercero.

Otra de las falencias fue la aptitud física, “siempre tarde Erviti para llegar” diremos todos. Sí, aunque también es necesario analizar cómo y por qué Rigoni nunca propuso un mano a mano, por qué Gigliotti no aguantó una pelota de espaldas y cómo puede ser que Benítez aparezca justo hoy con su versión menos deseable. Estos últimos, los que menos compromiso tuvieron en cancha. Es decir, con tres de los cuatro delanteros jugando otro partido, el medio fue un desorden y el que pagó fue el más lento. De todas formas, a Erviti no lo dejó un helicóptero en la mitad de la cancha, fue Holan quien decidió incluirlo y mantenerlo durante los noventa minutos. Error.

Con este cóctel de falencias y ante un rival que jugó con el cuchillo entre los dientes, el resultado habla por sí solo. Pero acá está el punto clave. ¿Todo esto empaña lo anteriormente hecho por Holan? Claramente no, siendo realistas es necesario pensar en que era casi utópico estar a cuatro fechas del final con posibilidades netas de salir campeón. Claro que toda la lluvia de elogios hacia Holan y los jugadores fueron justificadas, y lo siguen siendo. Porque hoy todos llegamos a las 19 horas, con la sensación de que estábamos por ver al Independiente que mejor nos representó en los últimos años.

También el crédito está abierto para los jugadores. Y es en donde aparecen las cuestiones positivas: primera vez de Bustos, Franco, Barco y Togni en un clásico de tal magnitud y en cancha de Boca. Barco y Bustos, como los más destacados, demostrando que no les pesó ni un poco la presión y dando la cara. Franco jugando un mal partido pero demostrando personalidad para ir sin titubear a buscar a Benedetto a todos lados.

También es destacable y positivo ver como, a pesar de las falencias y el resultado adverso, jugadores como Tagliafico, Diego Rodriguez, Sánchez Miño y Maximiliano Meza pusieron la cara y se mostraron dispuestos a jugar cuando la pelota quemaba de verdad. Por otra parte, preocupante presente de Lucas Albertengo, que lejos está de su mejor versión. 

Así las cosas, Independiente fue duramente castigado en el clásico pero el trabajo está a la vista de todos. El objetivo sigue siendo entrar a la Copa Libertadores y aún quedan cuatro fechas para poder conseguirlo. Ariel Holan sabrá trabajar sobre los errores y sobre aquellos que no tuvieron en mente el compromiso, la actitud y la intensidad que se necesita todos los partidos. 

Por eso es necesario masticar toda esa bronca, tristeza y desilusión para poder convertirla en críticas justas que inviten a mejorar. Independiente está transitando un camino que aún debe seguir siendo tomado como un aprendizaje, en donde debe tomar lo bueno y trabajar constantemente sobre lo malo. No busquemos, entonces, culpables personalizados. Rapallini tampoco lo es, aunque haya dejado pegar de más.

Las conclusiones también serán para la dirigencia, que deberá apuntar muy bien a los refuerzos – junto con el director técnico – para la próxima temporada. Hoy, el cansancio físico del partido jugado en Lima, sumado a la falta de variantes en puestos clave, sacó al desnudo otra de las razones por las cuales a Independiente todavía le cuesta ponerse el traje de candidato. El camino es el correcto. Un tropezón no es caída, Rojo. 

Levantese, Rojo.
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