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Con Milito, no

No es una novedad que Independiente haya vuelto a perder un clásico. Es triste, porque tampoco es una novedad que lo haya perdido frente al rival de toda la vida. Si ésa fuese la única pinchadura que tiene este bote, sería sencilla de reparar, la historia lo avala. El problema es que sumado a este disgusto, se amontonan eliminaciones coperas, campeonatos descartados apenas a un cuarto de su desarrollo, humillaciones con equipos de categorías inferiores.

Hoy el ojo de la tormenta se relame con la cabeza de Gabriel Milito. Sí, un técnico que apenas dirigió once partidos por campeonato local y cinco por copas. Eliminado de dos competencias como la Copa Argentina y la Copa Sudamericana, y muy golpeado en el campeonato local, en donde aún no encontró regularidad y perdió dos clásicos de manera consecutiva.

El punto es: ¿Ya vamos a pedir la cabeza del “Gaby”? Es innegable que los resultados inmediatos no son favorables, pero ¿no nos vamos a detener a pensar que la lógica de la guillotina del banco de suplentes de Independiente no dio resultados, por lo menos, en los últimos veinte años?

Hasta los dos últimos técnicos campeones debieron irse insultados. ¿No nos vamos a acordar de la enorme cantidad de entrenadores que pasaron por esta casa? Los defensivos, los “ofensivos”, los que vendieron humo, los que no laburaban. Muchos de ellos, devorados por planteles y por dirigentes que los utilizaron como fusibles para salir bien parados.

Este plantel, armado por esta dirigencia, tiene jugadores de notable nivel, otros que acompañan y otro grupo que definitivamente no puede jugar con esta camiseta. Si no le damos la oportunidad a Milito de poder trabajarlo, de ordenarlo y de sacarle sus frutos ¿quién lo va a lograr? No puedo olvidarme que muchos de estos profesionales ya fracasaron con otros dos técnicos.

No encuentro argumentos como para no respaldar a un tipo que se que jamás tendría un interés por sobre el club, que salio campeón, que vino a retirarse con estos colores y que hoy nos da la posibilidad de tener un predio nuevo para que Independiente sea un lugar un poco mejor.

Pero, principalmente, no encuentro argumentos futbolísticos sólidos más que la falta de efectividad para dar cuenta de que Milito deba irse o al menos estar en discusión. Confío en él, confío en que hoy debe estar pasando un día de mierda igual que yo y que tiene la capacidad, como un profesional que es, de revertir esta historia y de enseñarle a muchos de los irresponsables que ayer no levantaban las piernas lo que significa ponerse la camiseta de Independiente.

Si no cuidamos a nuestros ídolos, si atacamos a quienes nos intentan hacer crecer como institución, no tendremos jamás esa identidad que nos caracterizó durante tantas décadas. La desesperación de que la pelotita entre nos está dejando ciegos, la confusión generalizada sobre lo que significa la exigencia en este club, también.

Con Milito, no
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